
¡Que nadie piense que este post, al aparecer la palabra “alma” tiene un componente o sentido religioso y/o espiritual! ¡Nada más lejos de la realidad!
En este caso que nos ocupa, la palabra “alma” se refiere a si tu peluquería genera emociones y sensaciones en tus clientes o si, por el contrario, tu negocio no provoca ninguna reacción, más allá de la indiferencia.
En estos tiempos, en los que todas las tendencias de marketing y retail van encaminadas a incentivar la llamada “experiencia-cliente”, el conseguir que tu salón aporte algún aspecto diferencial, se ha convertido en ventaja competitiva para captar y fidelizar a tus clientes.
Alguna vez te has planteado estas preguntas:

Efectivamente, lo que yo defino como una peluquería con “alma” es ese salón al que entras y te genera unas emociones, que como tales, puede que sean difíciles de concretar y explicar, pero que serán claves para que sus clientes vuelvan a repetir la experiencia e, incluso, para que la recomienden a su círculo más cercano y se conviertan en embajadores de marca.
Puede que al leer esto pienses que tu peluquería no es grande, que lleva muchos años abierta, que no está en una gran ciudad, que no está en el mejor barrio de la ciudad o del pueblo….
¡Pues permíteme que te diga algo! He visitado salones en Barcelona en la zona de Paseo de Gracia y en Madrid en el Barrio de Salamanca (por mencionar dos barrios ricos de las dos mayores ciudades de España), salones grandísimos, muy conocidos y con mucho personal trabajando que, al entrar, me han dejado una sensación de frialdad y a los que yo no volvería a ir, porque no han generado ninguna emoción.
En cambio, he visitado salones en pueblos y ciudades de menos de 50.000 habitantes, que no están necesariamente en las mejores zonas de sus localidades; salones en los que incluso trabaja la dueña sola (sin personal contratado) o con solo una persona contratada y son salones que muestran valores, trayectoria, emociones, historias, vivencias, anécdotas.
Son peluquerías y salones con “alma”.
¿Y tu peluquería: tiene “alma”?