

¡No! Con rotundidad y con vehemencia puedo concluir que ¡no existe la peluquería perfecta!
Muchos profesionales del sector (a los que valoro y respeto) puede que estén en desacuerdo con lo que acabo de concluir, pero, insisto, NO EXISTE LA PELUQUERÍA PERFECTA.
Y, de hecho, a todas las personas que piensan que existe la peluquería perfecta siempre les hago varias preguntas: ¿cuántos metros cuadrados tiene la peluquería perfecta?, ¿en qué ciudad o barrio localizaremos esa peluquería perfecta?, ¿cuántas personas deben trabajar en la peluquera perfecta?, ¿debe ser monomarca o multimarca?, ¿orgánica, ecológica o tradicional?
Pues nuevamente, la respuesta es no. Me atrevería a decir que, no solo no es inteligente, sino que puede llegar a ser contraproducente para nuestra salud mental.
Está demostrado, en muchos estudios, que las personas que tienden a buscar la perfección en todo lo que realizan son propensos a sufrir de ansiedad y depresión, derivado de que nunca están conformes con los resultados de sus acciones.
Y, además, las personas que están alrededor de personas perfeccionistas, también tienden a sufrir de estos mismo problemas que antes he mencionado.

En todos mis cursos y procesos de consultoría les digo a peluqueros y peluqueras la misma frase: “no busques la peluquería perfecta; confórmate con tener una buena peluquería”. Déjame detallar un poco más esta frase.
En primer lugar, les animo a que cambien el concepto “peluquería perfecta” por “peluquería ideal”. Puede parecer algo irrelevante o poco importante, pero no lo es, porque me aporta datos muy interesantes y particulares de cómo entiende cada persona el concepto de la peluquería.
En esta primera etapa es bueno soñar, ilusionarse, aunque digamos cosas que tengan poca credibilidad o solidez para ser realizadas. Ya llegará el momento de bajar al terreno de lo real.
Una vez que tenemos detallada nuestra “peluquería ideal” o nuestro “ideal de peluquería”, llega el momento de fijar ratios que nos indiquen si estamos más cerca o lejos de alcanzar esa idea.
Este momento puede resultar doloroso, al ver que nuestra peluquería actual, se parece muy poco (o nada) a ese concepto de peluquería ideal. Pero, una vez que somos conscientes de todo el recorrido que tenemos que realizar para llegar a ese concepto anhelado de peluquería, llega el momento de pasar a la acción.
De hecho, la clave radica en esta palabra: ACCIÓN. Si no haces cosas, si no aplicas lo que diseñas, nada tendrá sentido. Así que haz, haz, haz. Acierta y equivócate. Aprende en ambos casos. Y mide el impacto de lo que vas consiguiendo y de lo que no consigas.
Y, un último consejo, lo más seguro es que no llegues nunca a tener esa peluquería ideal, por razones externas que no puedes controlar o por razones internas tuyas, pero no te desanimes y confórmate con tener una buena peluquería.
¿Y qué implica tener una buena peluquería? Pues tener un negocio del que estés orgulloso, que te aporte rendimiento económico y te genere satisfacción vital y en el que sientas que tus clientes están cómodos y alineados con el concepto que quieres transmitir.